OpiniónSociedad
Farmear odio como acción política
Todos vimos como el mundo era influenciado por un odio digitado hacia los argentinos. Aun así, somos incapaces de reconocer que nosostros también podemos ser manipulables.
Por Damián Córdoba
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"Se descubrió como Infantino les regaló el mundial a los hambrientinos en el 2022". "Los argensimios perdieron el mundial y las malvinas". "a pesar de la ayuda de la FIFA, el hormonado messi volvió a fracasar".
Farmear es una expresión de videojuegos que se refiere a cultivar o realizar una acción en forma repetida para obtener algún recurso.
Las redes se inundaron de usuarios con escaso conocimiento de fútbol, a quienes les alcanzó una recopilación de jugadas completamente normales con un título de "así hacen trampa los argensimios" como argumento del odio vomitado por las redes. Nos trataron de tramposos por festejar, reaccionar, reír, simular, hacer tiempo, reclamar al árbitro o realizar cualquier acción normal en cualquier partido. Y sí, por racistas también.
Miles de bots farmearon publicaciones contra nuestro país para hacernos ver como los villanos.
Este tipo de publicaciones se relacionan con el ragebait, que no es más que la búsqueda de cosechar interacciones. Paradógicamente esas interacciones amplifican el mismo mensaje al que el usuario indignado intenta contrarrestar con su respuesta. El ragebait hace que los indignados intenten apagar el fuego con nafta.
Este Mundial nos dejó una enseñanza: la ignorancia, el odio, el miedo, la crueldad y el enfrentamiento movilizan y generan dinero. Porque hay muchos que no lo saben, pero tus interacciones generan dinero al autor de la publicación tóxica en cuestión.
Los genios que desarrollan los algoritmos (esos mecanismos que deciden qué ves en tu scroll infinito) de X, Instagram o TikTok han entendido que, si te indignás con algo y ponés tiempo de tu vida respondiendo o reaccionando ante eso que te indigna, te lo vuelven a mostrar, así como le muestran gatitos a quien ve un video completo de gatitos. No es difícil de entender: te muestran lo que te hace reaccionar, sean gatitos, ataques rusos, terremotos o comida callejera de la India .
La política entendió hace tiempo a los algoritmos, y todos nosotros somos sus víctimas.
Así como un compilado de jugadas alcanza para odiar a la Selección Argentina, en la política se "farmea" este "odio" desde hace años como herramienta de marketing electoral.
Pensalo así: no importa quién gobierne, muchas empresas cierran y otras abren. Pasa en Argentina, Brasil, China o Irlanda. Si no te gusta el gobierno actual, verás únicamente noticias de empresas cerrando; por el contrario, si sos partidario de la gestión actual, verás noticias de grandes inversiones, optimismo y apertura de sucursales de nuevas empresas.
Seguramente tenés sobrados argumentos para odiar a los kukas o a los fachos vendepatrias libervirgos. Tenés sobrados argumentos de por qué está bueno destruir una ciudad completa para cazar terroristas y seguramente conocés cómo es la conspiración para que un grupo de personas se apodere de la Patagonia. Ya sabés cuáles son las causas de la inflación, la delincuencia, el desempleo y la pobreza. Sabés cómo solucionarlo y quiénes son los buenos y quiénes no. Sabés quiénes son los periodistas "ensobrados" y cuáles tienen la posta, domando a los enemigos con frases épicas.
Las redes confirman que siempre tuviste razón.
La política argentina está anclada en una polarización feroz y se alimenta día tras día de un odio demencial. Ese movimiento pendular de la política es 100 % funcional al statu quo. El sistema está diseñado para extraer dinero de los ciudadanos y derivarlo hacia los verdaderos ganadores: contratistas del Estado, empresas privadas de servicios públicos, directores y subdirectores de entidades públicas, decenas de miles de ñoquis que dependen de tal o cual político en funciones, millones de avivados que, comprando un certificado, acceden a beneficios destinados a quienes realmente tienen problemas que les impiden desarrollarse por sí mismos, etc. Pero tranquilo: fuera de las cámaras, estos sectores políticos antagonistas no se pelean; negocian entre sí cómo se reparten la torta para dejar tranquilas a las partes involucradas.
Mientras vos te peleás con tus amigos o familiares por política y mientras los presidentes, gobernadores e intendentes llegan y se van, hay toda una maquinaria que sigue funcionando. Todos esos que se fueron por el voto popular encontraron otro lugar donde seguir parasitando al Estado. La industria de la política sabe rotar y reinventar a sus miembros.
Vos y yo estamos dentro de esa maquinaria. La ignorancia, el odio y el miedo nos obligan a ponernos una camiseta y luchar por ella. Nos dicen tibios si buscamos alternativas. Pensar fuera de ese odio y de ese miedo nos etiqueta como funcionales a eso que más decidimos odiar. No tenemos lugar para pensar alternativas ni construir fuera de esa picadora de carne que es la política bipartidista. El sistema te obliga a quedarte donde estás y ser devorado por los lobos, o saltar al precipicio.
La solución no va a llegar desde arriba.
Una vez que logremos escapar de nuestros odios implantados y de nuestros miedos a que vendan pedazos de tierra que no sabemos ni que existen o a que un comunista nos quite nuestros bienes, podremos generar alternativas concretas de representación. No es mi intención buscar que odies a la casta, sino que entiendas que esa casta está ahí por la misma razón que existen Coca-Cola, Starbucks o McDonald's: por la publicidad. Te doy un ejemplo: La Unión Mendocina en 2023 tuvo un 30 % de los votos; sin embargo, es difícil encontrar a un votante que conociera alguna propuesta concreta, ya que entre sus mismos candidatos tenían severas diferencias ideológicas.
Si querés conocer nuestras propuestas, donde podés ser partícipe, te invito a seguir este enlace: https://partidolibertariomendoza.org.ar/propuestas-para-mendoza
