AnálisisPolítica

El cálculo diabólico: cómo tu cansancio se convierte en poder para la Clase Política

Es la ficción fundante de nuestra “representación”, una ficción que se rompió hace décadas pero que seguimos sosteniendo con argumentos formalistas porque es funcional a la Partidocracia.

Por Cristian Cuattrocchi

Publicado

sistema de votación

Hay dos mecanismos institucionales distintos que merecen mirarse de frente: uno separa la candidatura partidaria de la permanencia del legislador en su banca; el otro permite que la ausencia o el voto en blanco no tengan una traducción equivalente en la distribución del poder.

El juego se llama: “Ellos Ganan, vos pensas que elegiste”

Parece que buscaran dos cosas: 
  • Núcleos Duros y Obedientes
  • Polarización, miedo y bronca
El sistema representativo argentino combina dos elementos que al analizarlos revelan un mecanismo funcional al status quo. Por un lado, la Constitución reconoce a los partidos políticos como instituciones fundamentales del sistema democrático y les asigna, entre otras funciones, la competencia para postular candidatos a cargos electivos. Por otro lado, en esa misma línea, establece que los diputados son representantes elegidos directamente por el pueblo. [1]
Ahí aparece una tensión que vale la pena mirar sin banderas. Representan al Pueblo o representan a un Partido?
El acceso a la competencia electoral está fuertemente mediado por las fuerzas partidarias, pero el mandato legislativo no queda jurídicamente atado a la permanencia del elegido dentro del partido o alianza que lo postuló. La Cámara Nacional Electoral, en el conocido caso "Eduardo Borocotó", rechazó que el cambio de alineamiento político fuese, por sí mismo, una causa para impedir la asunción. La jurisprudencia se ubicó así dentro de la concepción clásica del mandato representativo: la banca corresponde al legislador y no al partido que lo postuló. [2]

El elector vota dentro de una oferta construida por partidos, pero una vez constituida la banca, la continuidad del legislador no depende de que permanezca en esa misma estructura partidaria. Ese desajuste no es un detalle semántico. Modifica qué significa realmente el vínculo entre elector, lista, partido y representante.

Punto Número 1: la banca no sigue al partido

Imaginemos un caso sencillo.
1. Las personas votan la lista del Partido X.
2. El Partido X obtiene cinco bancas.
3. Cinco personas de esa lista ingresan al Congreso.
4. Una de ellas rompe con el Partido X y pasa al bloque Y.
5. La banca sigue siendo ejercida por esa persona.
Desde el punto de vista jurídico, esto no es una anomalía (se cumple la letra). Lo que sí existe es una tensión política evidente: “el flamante diputado/senador/concejal” ingresó al sistema a través de una lista partidaria, pero se no dispone de un mecanismo electoral equivalente para retirar la banca cuando considera que el representante rompió con la fuerza por la que fue elegido. [2]
Por lo tanto, El Partido Político es necesario para llegar, pero luego no es necesario para continuar. Y la gente? ese legislador no le tiene que rendir cuentas al Partido y aún menos está obligado a rendir cuentas al ciudadano.
Conviene separar tres preguntas que suelen mezclarse:
• ¿Quién postula a la persona? Principalmente, una fuerza política.
• ¿Quién la elige? El cuerpo electoral, mediante el mecanismo previsto por la ley.
• ¿Quién conserva la banca si rompe con su partido? El legislador, salvo que opere alguna otra causal legal de pérdida del cargo.
La distancia entre esas tres respuestas revela un problema de diseño.
Para muestras basta un botón
Leila Gianni
Leila Gianni

Punto número 2: cuando el rechazo, el cansancio y la no representación se omiten. 

En las elecciones, el voto es obligatorio para quienes están alcanzados por esa obligación y no están exceptuados. Pero una cosa es el deber jurídico de votar y otra, muy distinta, es cómo el sistema transforma en representación la decisión de quienes concurren, votan en blanco o directamente no participan. [3]
Podríamos decir que los que tanto los que no asisten a votar como los que votan en blanco están diciendo algo con sus acciones:
  • Quien no asiste; No conocemos sus pensamientos pero en principio tal vez sienta falta de representación, tal vez hastío, tal vez falta de confianza. En términos generales, no se siente cercano o apasionado por la oferta electoral. 
  • Quienes votan en blanco: Si con el caso del que no asiste teníamos dudas de su cercanía con las opciones, en este caso nos lo dejó claro. El voto en blanco es un mensaje: “ninguno me representa”, “no les creo”, “no quiero esto”.
Aún cuando esas personas al faltar o al votar en blanco han hablado de alguna forma. El poder se distribuye igual. 

La matemática de la Estafa

Sistema de Votación
Sistema de Votación

Los resultado sobre el padrón completo:

• A la lista A la votó sólo el 30% del padrón y consiguió el 75% de las bancas.
• A la lista B la votó el 16% del padrón y consiguió el 25% de las bancas.
• C obtuvo el 6% del padrón y no consiguió bancas.
• El 40% del padrón no emitió un voto afirmativo y, sin embargo, las cuatro bancas se distribuyen por completo, como si hubiera votado todo el padrón. Ya sea que vote el 3% del padrón o el 95% la clase política recibe de todos modos sus tan esperados cargos.
La aritmética no dice que el resultado sea “ilegítimo”, lo dice la poca representatividad expresada desde la voluntad de la gente.

Una comprobación con datos reales

En las PASO nacionales de 2023 participaron, según el sistema oficial de resultados, aproximadamente 24 millones de electores sobre un padrón de más de 35 millones. La fuerza individual más votada obtuvo 7.116.352 votos, equivalentes a alrededor del 20,1% del padrón nacional, no al 27% citado en la versión anterior de este texto. El 30,04% que aparece en la publicación oficial corresponde a su porcentaje dentro de los votos computados para las PASO, no al porcentaje del padrón. [5]
Algo similar ocurre con Mendoza. En las elecciones legislativas municipales del 22 de febrero de 2026, la participación provincial registrada fue de 45,99% sobre 514.008 electores. En Rivadavia, en esa elección, la participación fue de 53,44%.
El dato fuerte no necesita adornos: en Mendoza, en esa elección, más de la mitad del padrón provincial no concurrió a votar. Y aun así, las bancas correspondientes a los cargos en disputa se adjudicaron conforme a las reglas vigentes.

Legitimidad de Origen Insuficiente

Aquí conviene hacer una distinción fundamental.
Una autoridad puede haber sido elegida formalmente de acuerdo con las reglas y, al mismo tiempo, contar con un apoyo ínfimo al compararlo con el padrón total.
Eso no convierte automáticamente la elección en inválida ni al resultado en ilegítimo. Sí abre una pregunta política relevante: ¿Cuánto respaldo social representa realmente una autoridad cuando una parte muy importante del padrón no participó o no eligió a ninguna de las listas que luego ocupan todas las bancas?
A esto le he llamado Legitimidad de Origen Insuficiente
Cuando la participación baja, el sistema no se detiene. No se reduce la cantidad de bancas. No se reduce automáticamente el costo institucional. No se abre automáticamente una nueva elección. No aparece una categoría de “no representación” dentro del Congreso. El órgano se conforma igualmente.
Cuanto menor es la participación, menor es el denominador social sobre el que se expresan los porcentajes de las fuerzas que sí concurren. Mientras más hastío y no participación, más ganan los dos partidos de siempre.
En términos prácticos, una fuerza con una base electoral muy disciplinada puede conservar un peso relativo elevado en una elección de baja participación. Decir que alguien diseñó deliberadamente el cansancio ciudadano para beneficiarse de él requiere evidencia adicional. Pero estamos ante un escenario que podría estar cercano a esto.

La posible solución

Si una sociedad expresa su rechazo al menú político, el blanco o la baja participación deberían tener consecuencias más visibles. Existen distintas alternativas posibles. Ninguna es neutra: todas trasladan el poder de una manera diferente y, por lo tanto, deben evaluarse por sus efectos.

1. Bancas vacías

Una opción sería reservar una proporción de bancas para una categoría de voto en blanco que, al superar determinado umbral, dejara cargos sin cubrir o una reducción en las bancas que posee el oficialismo.
La consecuencia sería directa: una parte del rechazo tendría un efecto visible sobre la composición del órgano.

2. Elección condicionada por participación

Otra posibilidad sería establecer un umbral mínimo de participación y disponer una nueva elección cuando no se alcanzara.
El problema de este diseño es evidente: habría que definir qué ocurre con los candidatos que participaron de la primera elección, que pasa con el gasto ya realizado y con la posibilidad de que una segunda elección reproduzca el mismo nivel de participación.

3. Voto preferencial (mi preferida)

Una reforma distinta apunta al vínculo entre elector y persona. El voto preferencial permitiría al ciudadano modificar el orden de los candidatos dentro de una lista, reduciendo el efecto del orden prefijado por las estructuras partidarias. Es decir, en lugar de votar blanco o negro, se establece un rango de preferencia.
voto por preferencia
voto por preferencia

En el ejemplo de la imagen un votante dijo: El candidato B tiene mi máxima preferencia, el candidato C tiene el segundo lugar el mi estima, el candidato A sería mi tercera opción, el candidato E es casi el que menos me gusta y el candidato D definitivamente es el que menos prefiero, Como ponerle estrellas a un restaurant en google map.

Esta herramienta no resuelve por sí sola el problema de la participación, pero sí enriquece el grado de elección personal disponible dentro de un sistema de listas.

Reglas de representación menos dependientes de una única lista

También puede discutirse el diseño de la distribución de bancas. El sistema D’Hondt es una fórmula de representación proporcional; modificarlo puede cambiar cuánto se aproxima el resultado a la proporcionalidad matemática y cuánto favorece, en determinados tamaños de distrito, a las listas más votadas.
La cuestión central no debería ser buscar una fórmula que “castigue” o “premie” a un partido, sino decidir qué sistema permite expresar la mayor cantidad de representación ciudadana. Si el soberano es el pueblo y el sistema elegido “prefiere” bipartidizar, no está representándose la voluntad de la gente. Está seleccionando la voluntad que más le conviene al poder.

La conclusión que permite la evidencia

Primero, el vínculo entre partido, lista y legislador. En el sistema vigente, una persona puede llegar a una banca mediante una candidatura partidaria y conservarla aunque posteriormente rompa con esa fuerza, porque la jurisprudencia electoral ha entendido que la banca corresponde al representante y que ese cambio, por sí solo, no provoca la pérdida del cargo. [2]
Segundo, el vínculo entre participación y distribución del poder. El ausentismo y el voto en blanco no reducen automáticamente la cantidad de bancas que se distribuyen. Las bancas se asignan entre las listas, punto.[4] No importa el hastío, no importa la voluntad del pueblo, sólo importa que los políticos consigan su banca. El sistema traduce con mucha más facilidad la preferencia por una lista que la decisión de no elegir ninguna.
¿Queremos un sistema en el que toda banca deba estar ocupada o un sistema que represente a la gente?
¿Queremos que el rechazo electoral produzca una consecuencia institucional concreta o preferimos que el sistema siga asignando todos los cargos disponibles bajo las mismas reglas?
No son preguntas abstractas. Son decisiones de arquitectura institucional.
La discusión seria empieza cuando dejamos de confundir lo que es, con lo que necesita y merece la sociedad, cuando entendemos que sólo porque sean las reglas actuales no significa que debamos aceptarlas en silencio. El sistema tiene reglas. La cuestión democrática es decidir qué queremos que esas reglas produzcan.
Fuentes y precisiones utilizadas en la revisión
[1] Constitución Nacional Argentina. Artículos 37, 38, 44 y 45. El artículo 38 reconoce a
los partidos como instituciones fundamentales del sistema democrático; el artículo 45 establece la elección directa de los diputados por el pueblo de los distritos correspondientes. Fuente oficial:
Argentina.gob.ar, texto de la Constitución Nacional.
[2] Cámara Nacional Electoral, Fallo N° 3738/2006, causa “Pagani Enzo Luis s/presentación”. Caso Eduardo Borocotó. La resolución confirmó el rechazo del planteo que
pretendía impedir la asunción por el cambio de alineamiento político y descartó la idea de que el legislador electo estuviera jurídicamente sujeto a un mandato específico del partido que lo postuló.
[3] Código Electoral Nacional, Ley 19.945. Artículo 12 y concordantes: deber de votar y
excepciones. La obligación nacional de sufragar debe distinguirse de las reglas específicas de cada elección provincial o municipal.
[4] Código Electoral Nacional, artículos 160 y 161. El artículo 160 establece un piso del 3%
del padrón electoral del distrito para participar en la asignación de cargos de diputados nacionales; el artículo 161 establece el procedimiento de distribución mediante cocientes sucesivos (sistema D’Hondt).
[5] Dirección Nacional Electoral / Sistema de Publicación de Resultados Electorales.
Elecciones PASO 2023, resultados nacionales. La publicación oficial informa 35.405.013 electores y 7.116.352 votos para la fuerza más votada, que equivalen a aproximadamente 20,1% del padrón y a 30,04% de los votos computados en la publicación para las PASO.
[6] Gobierno de Mendoza, resultados electorales 2026. Elecciones legislativas municipales
del 22 de febrero de 2026. Participación provincial registrada: 45,99%; en Rivadavia: 53,44%. Estos datos reemplazan la afirmación anterior que trataba el 53% como si correspondiera a toda la elección provincial.
[7] Max Weber y literatura contemporánea sobre legitimidad democrática. Se conserva
el marco conceptual general, pero se evita presentar “legitimidad insuficiente” como una categoría jurídica. En la revisión se distingue entre legalidad del procedimiento, legitimidad electoral y aceptación o respaldo político.